


Nuestro país se encuentra ubicado en el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico donde se registra aproximadamente el 85% de la actividad sísmica mundial. Especialistas del Instituto Geofísico Nacional han advertido que la costa central de nuestro país conformada por Ancash, Lima e Ica cumple con todas las condiciones para ser escenario de un sismo de gran magnitud.
Entre las referidas condiciones se menciona el prolongado silencio sísmico, es decir el hecho de que desde hace 266 años no se produzca un sismo de grandes proporciones. Según los especialistas en el tema, en los casi tres siglos se ha ido acumulando energía que en cualquier memento tendrá que ser liberada a través de un movimiento sísmico que podría superar los 8 grados en la escala de Richter.
A pesar del gran avance científico y tecnológico todavía no se puede conocer con exactitud el día, hora y lugar exacto en que se producirá un terremoto, es por eso que la prevención se ha convertido en la mejor de las herramientas para enfrentar las consecuencias de este fenómeno de la naturaleza.
Luego de un gran sismo vienen las constantes réplicas que dependiendo de su magnitud pueden significar un riesgo de derrumbes o desprendimientos de muros o techos dañados por lo que se recomienda no ingresar por varias horas a las viviendas hasta tener la certeza de que siguen siendo habitables.
Durante esas horas posteriores se requiere brindar primeros auxilios a quienes resulten heridos y atender las necesidades de alimentación y aseo de los miembros de cada familia. Los servicios paramédicos y de rescate suelen resultar insuficientes y, por ello, lo recomendable es que cada familia prevea medidas de contingencia para enfrentar un eventual terremoto.
La prevención tiene que estar presente en cada uno de los espacios en los que realizamos nuestra vida diaria, es decir en la escuela, el barrio y la comunidad.
En este segundo reto de ‘La Onda de mi Cole’, les planteamos a los participantes realizar una campaña de movilización orientada a que padres de familia, autoridades educativas y estudiantes adopten como medida de prevención la preparación de una mochila salvadora que pueda atender las necesidades de las familias y la comunidad educativa en caso se produjera un sismo de gran magnitud.


