


La violencia es un problema social que afecta a un importante número de familias en todo el mundo y se expresa a través de la agresión física, verbal, sexual o psicológica dirigida a uno o varios miembros de una familia.
La gran mayoría de casos de violencia familiar tiene entre sus principales víctimas a mujeres, niños, niñas y ancianos. Generalmente es ejercida por quien tiene mayor fuerza física o mayor poder económico al interior del hogar.
Los niños, niñas y adolescentes que son víctimas de la violencia doméstica suelen sufrir daños físicos y psicológicos a largo plazo que dificultan su socialización y rendimiento escolar y suelen estar más propensos a ser víctimas de actos de violencia fuera del hogar.
Trágicamente, las consecuencias de la violencia doméstica pueden trasmitirse por generaciones. Los efectos de la conducta violenta tienden a seguir presentes en la vida de los niños y niñas mucho después de que hayan abandonado el hogar de la infancia.
Los varones expuestos a la violencia doméstica de sus padres tienen el doble de probabilidades de convertirse en hombres abusadores que los hijos de padres no violentos. Además, las niñas que presencian abusos cometidos contra sus madres tienen más probabilidades de aceptar la violencia en el matrimonio que las niñas que provienen de hogares no violentos.


